jueves, 3 de enero de 2013

SINCERIDAD


Hay días bellísimos y otros distintos., que no por serlo son peores,
simplemente comienzan siendo raros y finalizan como si  pisáramos
los soñados umbrales del Absoluto.
La causa, es el sello más intenso que el transcurrir cotidiano
nos depara.
Que asumimos obedientes a la voluntad divina.
Es "eso" que, aunque trencemos tientos de paciencia y sumemos a ello
el esfuerzo sublimado  ¡no podemos vulnerar!
Y al dialogarlo con la almohada me reitere que
NO FUE COMO YO INTENTABA.
¡PERO EN LA TRISTEZA TODO SE VUELVE ALMA!.
Sólo la tenue luz de luna menguante me ilumina.
Pero siempre, siempre sé que el Espíritu está conmigo. Y ÉL guía ese sentir.
Tal vez peca de indiferente porque insiste conque me esmere en resolver mi pena;
sabe que deliro en ideas utópicas
 ÉL ME QUIERE CONCRETA.
Es que, como todo mortal y al decir de mi admirado y querido Borges,
toda vida ofrece "el jardín de los senderos que se bifurcan"
 lo que me inserta en el mundo de la ambigüedad,
de la indecisión.
Aunque sea así, en medio del desorden cerebral y hormonal que me provoca,
siempre llego al resplandor del Paraíso que Dios nos promete.
Como aquél profundo y perfecto pensamiento
de Coleridge,
del que Borges opinara que
"...tiene la integridad y la unidad de una meta"
y dice:
"...Si un hombre atravesara el Paraíso EN UN SUEÑO,
y le dieran una flor como prueba de haber estado allí
y si al despertar encontrara esa flor en su mano...
¿entonces, qué?..."

Mis días se parecen a esa frase de Coleridge: el alma se dispone para poder recibir
a quien sale a mi encuentro,
La mente y el corazón dejan de lado todo lo pensado o soñado
para servir y testimoniar al Padre en lo que Él deposita en mí, ¡hasta en los sueños!
¡ES TAN LINDO PERMANECER EN ÉL...!

JORGE LUIS BORGES

"...No hay un solo día que no estemos un instante en el paraíso, porque siempre hay algo o alguien, que, con su sola presencia, aliviana la pesadumbre de vivir..."































































































































De Alfonsina...

"...Hielo y más hielo recogí en la vida.
Yo necesito un sol que me disuelva..."

Pobrecita, no reconoció el fuego
del Espíritu, que la habitó siempre,
en su raciocinio, en su fortaleza,
en su ciencia...
¡QUIÉN si no ÉL!







¡Bienvenidos!

De una canción de Baglietto, que hace magistralmente junto al incomparable Lito Vitale, llamada "Y no olvides que un día, tú fuiste sol", me encantó rescatar algunos de sus versos...son maravillosos...

"No dejes de asombrarte
ante un nuevo nacimiento de tu jardín...
no escondas ni la pena ni el dolor...
no saltes en pedazos,
no entregues tu diamante,
no permitas que se pierda tu cosecha...
¡busca la raiz!
Baja hasta tus valles
que éste es tu país,
donde están tus riendas,
tu espuma, tu verdad...
...donde naufragaste, haz crecer mil rosas..."

Lindo, como consigna de una mañana, ¿verdad?

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