Dicen...
que " la amistad es como la sangre,
acude a la herida sin que la llamen".
Con un verdadero amigo,
"el dolor compartido es menos dolor
y el gozo compartido se duplica".
En mi caso, tuve y tengo, de todo tipo.
Amistades de la primera infancia
que aún alimentan mi árbol
de emociones y alegría.
Amistades que "se dicen", pero
jamás lo fueron,
porque ni disfrutan con mis logros
ni me acompañan en mi llanto.
Amistades que nunca lo fueron y sí están
siempre, a mi lado,
con el hombro presto
donde poder apoyarme.
Amistades de treintena de años que,
cuando me separé de mi esposo,
dejaron de visitarme
y en la calle "no me ven"...
Y amistades enfermizas.
Las que sólo piensan en ellas mismas,
en su bien, en sus beneficios,
en ser acompañados y atendidos siempre,
como si mi amistad, en vez de ser tal,
fuera una servidumbre.
Son esas amistades esclavizantes, porque se percataron que no tenemos entraña para negarnos a la caridad y nos tomaron el tiempo.
Éstas, se ofuscan ante la presencia de otros amigos nuestros y miden diferencias y hasta suponen que debemos permitir que ordenen nuestras tareas " a su comodidad". Quieren adueñarse de nuestras vidas y no lo son de las propias. Son eternos dependientes, intolerables, sin la mínima voluntad de compensarnos con la misma solidaridad; si decimos lo que decimos"está mal", si hacemos nuestro gusto:"no pensás en los demás", ¡esclavitud del medioevo!
Insisten en que odiemos como ellos a sus enemigos, que quizás con nosotros son excelentes personas.
Sé que a los amigos debemos quererlos como son, pero si ellos no proceden igualmente con nosotros y nos escarnian delante de la gente,.....¿?
Esas amistades no son "absorbentes", son "astringentes". Nos van secando en todo sentido. Si les falta ropa, estamos "obligados" a regalarles la nuestra. Si vienen a visitarnos: ¿me invitás a comer?. Si estás feliz: ¿cómo podés reirte tanto!? qué fácil es la vida para vos...
Y si estamos mal: le agregan leña al fuego e incentivan a que hagas desastres con tu vida.Les encanta sufrir. Y quieren debilitarnos con llantos constantes y la cara de infelicidad eterna.Por eso nos vamos secando, porque jamás conseguimos alegrarlos un instante y terminamos más confundidos que ellos. Cuando son así, debemos alejarnos. Es el momento de poner límites y plantear la solución. ¡Lo hice hace poco!
Le dije:
___Si a vos te encanta estar así, a mí me enferma. Y no lo voy a permitir. Puedo venir a verte, ayudarte a salir del problema, acompañarte hasta que lo resuelvas, hacer todo lo que esté a mi alcance. ¡ Y verte salir airosa!. Pero vivir como vos, acariciando tus penas en un masoquismo inaudito, no lo soporto. Mi vida es distinta no porque todo me resulte fácil, sino porque pongo voluntad en no caer en la depresión, en la indiferencia y alargar los dramas como una agonía constante. No quiero ser tu enemiga, pero tampoco puedo ser tu amiga, dejar de saludar a los que a mí no me hicieron nada y adorar las angustias cada día. No puedo empantanarme en la vida, necesito dar pasos, aunque sean pequeños, pero caminar.
No quiero rumiar los problemas, cuando se fueron, adiós, los olvido.Necesito cambios, estar activa. La depresión no es mi consigna ni mi obsesión. Si me necesitás buscame, llamame alguna vez por teléfono ya que ni venís a mi casa. Te ofrecí mil soluciones, quise llevarte a un especialista y pagarte los gastos, pero nada aceptaste. Analizá qué es lo que te traba tanto. Conocé tu corazón, buscá lo que mejor convenga, te acompaño a lograrlo. "Siempre estoy si tenés voluntad de mejorar". ¡ Es todo lo que puedo darte!.
No fui más a su casa. Nunca me llamó, pero buscó otras amistades a las cuales les impone las mismas condiciones....¡basta para mí!. Este juego no me atrae.
No sé qué pensás, si querés, contame. Besito-