lunes, 17 de agosto de 2009

Adolescentes


Eramos niños aún,

cargados de santa inocencia.

Nos amamos descubriendo

al mundo en sus divergencias.

Dos cuerpos que, en sortilegio,

modificaban su esencia

y con cada novedad

nos sorprendía la urgencia

de salvar la ambigüedad:

__¿Estoy en la pubertad

o es esto la "adolescencia"?

Que "mis formas"...

Que tu vello...

y la sangre avasallante,

los abrazos y los sueños

de un amor apasionante.

Tus manos que me avanzaban

y yo contenía el ímpetu

del valor que ¡ no alcanzaba!

a frenar tu instinto pícaro.

El aliento estremecido

que no hallaba disciplina;

sensación desconocida

que excede toda armonía.

Es esa dura batalla

de dos almas encendidas:

una, que avanza con todo.

La otra, que se domina

por contener el deseo

llenito de adrenalina.

Buscar el límite justo

para no vender mentiras

y tampoco desvirtuar

lo que la edad nos provoca:

¡sentir la necesidad

del primer beso en la boca!


¡Qué hermosa la adolescencia

que tan juntos compartimos!

La posterior convivencia

cuando vinieron "los niños".

Un amor que en su apetencia

supo elegir el destino:

¡Consolidar un hogar

con los mejores principios!

¡FUISTE MI MEJOR REFUGIO!

Qué pena fue nuestro epílogo.

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JORGE LUIS BORGES

"...No hay un solo día que no estemos un instante en el paraíso, porque siempre hay algo o alguien, que, con su sola presencia, aliviana la pesadumbre de vivir..."































































































































De Alfonsina...

"...Hielo y más hielo recogí en la vida.
Yo necesito un sol que me disuelva..."

Pobrecita, no reconoció el fuego
del Espíritu, que la habitó siempre,
en su raciocinio, en su fortaleza,
en su ciencia...
¡QUIÉN si no ÉL!







¡Bienvenidos!

De una canción de Baglietto, que hace magistralmente junto al incomparable Lito Vitale, llamada "Y no olvides que un día, tú fuiste sol", me encantó rescatar algunos de sus versos...son maravillosos...

"No dejes de asombrarte
ante un nuevo nacimiento de tu jardín...
no escondas ni la pena ni el dolor...
no saltes en pedazos,
no entregues tu diamante,
no permitas que se pierda tu cosecha...
¡busca la raiz!
Baja hasta tus valles
que éste es tu país,
donde están tus riendas,
tu espuma, tu verdad...
...donde naufragaste, haz crecer mil rosas..."

Lindo, como consigna de una mañana, ¿verdad?

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